jueves, 23 de febrero de 2017

20 primaveras en los 90

Soy hija de la Vidala de sol, de ver los ojos del exilio de una poeta en la mirada de una guitarra, por eso me pongo feliz cuando en una joven de 23 años renace el abrazo de Guliano y Alicia Crest en la voz de Milena Salamanca. Soy hija de los poemas pisoteados y desperdiciados de Nacho Whisky, por eso pienso en sus poemas como manos de Cortazar y en esas canciones de la calle como “el quinto vino”. Soy hija, oído y testigo del café que Nacho, Alicia, Perecito. Petroccelli, Trullenque y Hamlet compartían. Hija de la tonada, del orgullo de ser chuncana, por eso me pone feliz el canto de José Luis Aguirre. Soy la que los amigos y artistas le compraban libros que no podía pagar a los 15 años,por eso celebro cuando Ramiro González  cuenta que le lee a los niños porque “está donde debe estar”. Soy hija de la ruta, de hacer dedo para ir todos los fines de semana a Cerro Colorado y disfruto cuando, 20 años después, un chango de Pergamino como Fer Morales hace una película de el Indio Pachi, el amigo de Don Ata. Soy del tiempo donde ir a la peñas todos los fines de semana era tan habitual como llevar una carpeta a la secundaria con la foto de Mercedes Sosa y Violeta Parra o tan cotidiano como cantar las canciones de Piero, León y Victor. Soy de una época donde tener 20 años bajo un gobierno neoliberal era disfrutar con más alegría los cassette pirateados de Ali Primera, Pablo y Quilapayun, por eso lloro cuando escucho por un innumerable vez “kolla en la ciudad” por Bruno Arias. Soy de la época donde acompañaba al Negro Lagos a notas, por eso amo a los instrumentistas que tienen la cabeza de un genio en años tan jóvenes y comprometidos como el Negro Aguirre. Soy del tiempo donde si hablabas mucho de la mujeres te señalaban como feminista, por eso arme un Encuentro de Mujeres, para que muchas hablen por las que callan. Soy de las que se juntaba con amigas como Silvana Olate a charlar  de Marcelo Berbel, Rodolfo Dalera, los poemas nuevos de Roberto Cantos o del Coyuyo Carrizo. Soy de esa época donde los cuadros se tiraban a la basura porque la moda era tirar baldes a un lienzo, por eso ame a Campodonico, Terribili, Alonso y otros en vida, y aunque algunos ya no están nunca diré que se han ido. Soy de una época donde aburrirse era parte de la creación, era la musa que inspiraba el mañana. Donde pasar largas horas mirando un árbol era parte del poema o la alegría tanto como oír un chamamé bien llorón como el sauce o maceta hasta que ardan de los pies. Fui hija del cuarteto, de las chacareras de Los Carabajal, los recitales de Guarany  y los pogo con Soda o las que sabiamos todos como las de Charly. Soy hija de la no televisión, por eso me gusta ahora tanto el cine. De ver pasar al ángel de la bicicleta y ofrecerle ayuda. Soy joven de los 90, por eso nada de los pasa hoy me asusta, ni me afecta; porque sé lo que es arremangarse de un exilio interior, salir todas la mañanas al campo de la vida y darle batalla, con todo, con lo que hay y con lo que no tengo.

miércoles, 22 de febrero de 2017

añorar lo que jamás sucedió

A este sr de la foto lo conocí cuando tenia 26 años.
Cuentan que hizo el primer viaje que  realizó el Che Guevara en una motocicleta que bautizó "Silvita"  y en cada lugar que paró el Che le mando cartas a su amada.
Que le encantaba lo dulce y un día, apuesta en medio, se comió media lata de dulce de batata.
Dicen que tenía un sentido del humor increíble y que solo lo ponía de mal humor la falta de memoria y la mentira, por más insignificante que sea.
Que era el más solidario de todo Bariloche. Que visitaba a sus amigos empresarios, les sacaba cosas y los llevaba a las villas de Llao Llao, esas que jamás visitan los turistas.
Cuentan que se cruzó una vez con Ivo Pelay y le dijo una frase que luego utilizó para su tema "El linyera".
Llegó a la Argentina, desde Damasco,  luego de la primera Guerra Mundial y huyendo del hambre y la miseria.
Vino con sus padres y tres hermanos. Le pidieron que se case a los 17 años, apenas llegó al país, con una prima; para poder vivir todos juntos en una casa de Chacabuco al 500. Cuentan que su primo hizo la única casa rodante del país, esa que amanecía según el sol y que hace años se remató
Aseguran que como diseñador de ropa era muy creativo y le hizo trajes a algunas personalidades de Buenos Aires como Calabró.
Concursó en "Odol pregunta" y ganó porque se sabía de memoria el Martin Fierro. Tomó un café en Alsina y Entre Ríos con Cacho Fontana . 
Tuvo dos hijas con el primer matrimonio.
Su última mujer dice que escuchaba a Yupanqui, Estela Raval y Leonardo Favio.
Cuentan que llegó un 22 del mes de septiembre. Dicen que le puso fecha de vencimiento a su vida también un 22, pero de febrero.
Dicen que leia con una velocidad increible.
Dejó una herencia que nunca nadie cobró. Todo detallado en un cuaderno para que nadie se olvide de nada. En el último renglón de la carta dice "No se olviden de pagarle a Juan, el almacenero, que le fié el otro día cuando vine muy tarde y de llevar mis cenizas a un lugar con flores".
En Octubre del 97 me encontré con una ahijada y con esta foto y no sé porque razón me vi parecida.Fue mi papá por 10 meses. Como dice Sabina "No hay nostalgia peor que añorar lo que jamas sucedió" Lindo hubiese sido tenerlo Abdón Abud Majul