jueves, 9 de marzo de 2017

la vida cae en la ventana


Para Sonia, la lluvia de madrugada solo es algo romántico que acelera el golpe del mar contra la roca.

Para Daniel, golpea los hombros a la hora de ir a trabajar mientras cuenta los pasos en el pasillo como quien cuenta las monedas para llegar a fin de mes.
Para Juan, los pies descalzos cuando duermen en la calle y su pasado en ellos hablandole a los gritos que no deje de caminar aunque le pongan la traba.
Para Emi las manos que sacan las brazadas mojadas cuando el hogar se le inunda con cualquier gota, pero sabe que eso es mejor que volver a Paraguay donde el padre de sus hijo la maltrataba.
Para Guillermina, los techos de chapa de la casita en medio de la nada y los rezos que sus manos cruzan en el rosario para  que no se los lleve el viento.
Para Lidia, el agua que cae en su alma mientras pasan los años y su dos hijos no aparecen desde que lo dijeron "no te preocupes, estos señores de verde solo nos llevan para interrogarnos". Lorenzo me dijo cuando aún eramos niños, mientras hacia barquitos de papel para cuando la lluvie pase y se transforme en un hilo de voz que cuelga de la acera "nunca subestimes la lluvia que golpea tu cara, es un mensaje de que estamos vivos" La lluvia sigue cayendo sobre la ventanta de la casa del pasado y el niño que deje en el tiempo observa en el horizonte como la muerte anda de insomnio juega con el viento a las escondidas. "Hay que vivir para que no te pille en su juego" le dijo el padre con sombrero y la llama para el mate cocido con pan de hace algunas lluvias pasadas. El puslo de la niña iba al ritmo de la vida y su corazón, el de los padres al puso de los que amanecen masticando resentimiento. Mientras, afuera, la lluvia cae virgen sobre el campo de los recuerdos. 



jueves, 23 de febrero de 2017

20 primaveras en los 90

Soy hija de la Vidala de sol, de ver los ojos del exilio de una poeta en la mirada de una guitarra, por eso me pongo feliz cuando en una joven de 23 años renace el abrazo de Guliano y Alicia Crest en la voz de Milena Salamanca. Soy hija de los poemas pisoteados y desperdiciados de Nacho Whisky, por eso pienso en sus poemas como manos de Cortazar y en esas canciones de la calle como “el quinto vino”. Soy hija, oído y testigo del café que Nacho, Alicia, Perecito. Petroccelli, Trullenque y Hamlet compartían. Hija de la tonada, del orgullo de ser chuncana, por eso me pone feliz el canto de José Luis Aguirre. Soy la que los amigos y artistas le compraban libros que no podía pagar a los 15 años,por eso celebro cuando Ramiro González  cuenta que le lee a los niños porque “está donde debe estar”. Soy hija de la ruta, de hacer dedo para ir todos los fines de semana a Cerro Colorado y disfruto cuando, 20 años después, un chango de Pergamino como Fer Morales hace una película de el Indio Pachi, el amigo de Don Ata. Soy del tiempo donde ir a la peñas todos los fines de semana era tan habitual como llevar una carpeta a la secundaria con la foto de Mercedes Sosa y Violeta Parra o tan cotidiano como cantar las canciones de Piero, León y Victor. Soy de una época donde tener 20 años bajo un gobierno neoliberal era disfrutar con más alegría los cassette pirateados de Ali Primera, Pablo y Quilapayun, por eso lloro cuando escucho por un innumerable vez “kolla en la ciudad” por Bruno Arias. Soy de la época donde acompañaba al Negro Lagos a notas, por eso amo a los instrumentistas que tienen la cabeza de un genio en años tan jóvenes y comprometidos como el Negro Aguirre. Soy del tiempo donde si hablabas mucho de la mujeres te señalaban como feminista, por eso arme un Encuentro de Mujeres, para que muchas hablen por las que callan. Soy de las que se juntaba con amigas como Silvana Olate a charlar  de Marcelo Berbel, Rodolfo Dalera, los poemas nuevos de Roberto Cantos o del Coyuyo Carrizo. Soy de esa época donde los cuadros se tiraban a la basura porque la moda era tirar baldes a un lienzo, por eso ame a Campodonico, Terribili, Alonso y otros en vida, y aunque algunos ya no están nunca diré que se han ido. Soy de una época donde aburrirse era parte de la creación, era la musa que inspiraba el mañana. Donde pasar largas horas mirando un árbol era parte del poema o la alegría tanto como oír un chamamé bien llorón como el sauce o maceta hasta que ardan de los pies. Fui hija del cuarteto, de las chacareras de Los Carabajal, los recitales de Guarany  y los pogo con Soda o las que sabiamos todos como las de Charly. Soy hija de la no televisión, por eso me gusta ahora tanto el cine. De ver pasar al ángel de la bicicleta y ofrecerle ayuda. Soy joven de los 90, por eso nada de los pasa hoy me asusta, ni me afecta; porque sé lo que es arremangarse de un exilio interior, salir todas la mañanas al campo de la vida y darle batalla, con todo, con lo que hay y con lo que no tengo.