jueves, 28 de julio de 2016

Un Viñas cotidiano

Frases como latigazos escribía David Viñas . Desde aquella noche de 1953 en que salió a pegar carteles con su hermano bajo una primavera de sueños.:“Contorno, una revista denuncialista” hasta el 2013 donde un periódico titulo “El regreso de la bestia” pasó mucho texto y mucho Dios bajo el puente de los pensamientos en las Viñas.  Dejó asentados señalamientos y lecturas imprescindibles para abordar muchos de los textos fundamentales de la literatura argentina: no se puede pensar la obra de Mansilla, Cané y la generación del ochenta o la forma del grotesco teatral de Discépolo sin recurrir a sus trabajos. Abrir "Indios, ejército y frontera" y dejarlo que retumbe con otra diatriba. La reinvención de la genealogía literaria argentina en "Literatura y realidad política". El registro al ras del patronazgo rural en su novela "Jauría", de la vida monacal en "Un Dios cotidiano", del mundo militar en "Hombres de caballo", del existencialismo a la argentina en "Dar la cara". Viñas ebrio de país, de ciudad, desafiante y provocador al punto de decir "Borges no me gusta" como una escupida a la misma biblioteca nacional. Su gran manzana tenía los limites Avenida de Mayo, Callao, Córdoba y Leandro Alem. Fuera de ese cuadrado perdía el aire. A tal punto que ya mayor volvió al país sin un centavo y durmió por meses en una librería. En sus libros y apariciones públicas instaló una lengua crítica por demás reconocible, se nutrió de una sintaxis y una paleta lingüística que activó para distanciarse de sus enemigos del campo político y cultural: del liberalismo que inmaterializa el trabajo intelectual, pero también de las mitificaciones del revisionismo nacionalista. Testigo del voto de Evita, quien fue fiscal y pudo como radical hacer un gran anális de esta foto de Evita en su voto final “pude observar a un peronismo oligarca y de derecha y otro más de izquierda y del pueblo” fisuras hasta hoy discutibles y también fue testigo de las convicciones primeras de una gran mujer con Cristina Fernández cuando aún era diputada y aquí reproducimos una charla.  
Ella _Yo soy más optimista que Franco (Caviglia) en el sentido en que el voto directo de la gente va a obligar a la aparición de otros dirigentes políticos. Yo también quiero decirle a la gente que es importante que construya sus propias representaciones, que cuando tome la lista vea quién está y que decida en consecuencia, y 3° que los que no están conformes, como tantísima gente en este momento, que participen, en donde sea, aunque sea formando su propio partido político, pero que participen.
_¿Me perdona?_ dice David Viñas_me parece un poco "panglossiana" (1) su perspectiva.
_¿Por qué_ pregunta Cristina.
_Por qué es de un optimismo...que por lo menos... que me desborda.
_Yo tengo la obligación de ser optimista, David.
_¿PERDÓN?_ dice Viñas asombrado.
_¿Sabe qué, David? Yo tengo la obligación de ser optimista...
_Y yo tengo la obligación de ser pesimista_dice David Viñas.
_Porque Ud. es un intelectual crítico, pero yo soy una militante política y quiero cambiar las cosas, y pienso que lo voy a poder hacer.
_¿Y Ud. cree que no? ¿Que yo no?_se corrige.
_Yo pienso que si no lo puedo cambiar me tengo que quedar en mi casa y dedicarme a otra cosa. Estoy en esto porque creo que las puedo cambiar.

Frente a un sorprendido David Viñas (siempre tan impulsivo y arrollador) que por momentos trastabillaba en su discurso, Cristina se expresaba ya en ése momento con un discurso sólido que todavía hoy y siendo Presidenta, seguia sosteniendo: el valor y la importancia de la política y de la militancia, y la confianza en que sólo con la participación es posible que se produzcan los cambios, además de que la política es la herramienta para llevarlos a cabo.
Con David fue calmando su fiera interior pero nunca cambió, algunas veces caminando solo, otra mirando a su compañera de fines de los 90: Soledad Silveira. Su concepción pugilista de la práctica intelectual como arena de combate y la lucidez para volver polémicas las materias del rencor. Tenía una visión totalizante de lo que una discusión ponía en juego. Violento y arrollador, no establecía jerarquías de interlocutores. Admirado en Cuba tanto como en EEUU pero siempre como un bicho raro que se busca en bibliotecas y archivos. Un animal de pensamientos escabullidizos y palabras quietas

domingo, 24 de julio de 2016

A Desalmabrar


A los 6 me fui a vivir con mi mamá, que vivía en un barrio estudiantil de Córdoba. Viviamos en un garage y la dueña que nos alquilaba tenía en el fondo un gran patio de tierra. Los milicos entraron varias veces y la primera vez la recuerdo casi con humor. Mi mamá se estaba depilando y ante la alerta de los vecinos golpeando las paredes desde la esquina, mi vieja se puso velozmente un pantalón encima y me mandó urgente a esconder dos vinilos en el fondo de la casa. Cuando volvi los señores de verde ya habían dado vuelta mi ropero (que con tanto amor había acomodado esa mañana) un sillón y algunas cosas más. Luego se fueron y mi mamá estuvo horas tratando de sacarse la cera de las piernas (lo que cuesta luego que se seca). Llamó a una vecina y habló horas en "jeringozo", algo muy común en esos años. Los vinilos eran "Si se calla el cantor" de Guarany y "A desalambrar" de 1970 y de Daniel Viglietti .
¡Felíz cumple maestro Daniel Viglietti!! Gracias por enseñarme que la libertad del espiritu a veces se esconde, los que tienen el alma cercada la envidian y jamás lo entenderán.